RUTA LA TAHÁ DE PITRES

Provincia: Granada
Población: Pitres
Tipo de recorrido: Circular
Recorrido: 7.02 km
Desnivel acumulado: 592 m
Dificultad: Moderado
Época recomendada: Otoño y Primavera
Fecha de realización: 06/11/2016

Leí que junto a la Dehesa del Camarate, la Vereda de la Estrella y el Área Recreativa la Tizná, ésta era una de las rutas de Otoño por excelencia en Granada. Por desgracia, este Otoño está siendo excesivamente cálido y no disfrutamos de esta ruta tan otoñal como deberíamos. Aún así, encontramos rincones que me enamoraron.

Cuando comencé a organizar esta ruta, vi que había muchas opciones para recorrer esta zona. Rutas más largas, otras más cortas, diversos senderos… Decidí usar todos los tracks que encontré y hacer una ruta personalizada. El resultado no pudo ser mejor.

Comenzamos la ruta en Pitres. Aparcamos a la entrada del pueblo donde hay sitio de sobra (coordenadas: 36.934835, -3.325912). A pocos metros comienza la ruta.

Salimos de Pitres y vamos camino a Mecina. La bajada es constante, por un terreno de grandes piedras que hace el descenso un poco incómodo. Recomiendo usar los bastones para no cargar las rodillas. A tramos está completamente despejado, y en otros pasamos por zonas cubiertas de árboles.

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Pasamos por un amplio campo de almendros. En Febrero debe verse muy bonito.

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Llegamos al primer pueblo que recorremos con la ruta: Mecina.

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Es posible que fuera por ser el primer pueblo, o que por ser temprano estaba más tranquilo, pero sin duda, Mecina me pareció un lugar ideal para desconectar: bonito y muy tranquilo.

Apenas 200 metros nos separan del siguiente pueblo: Mecinilla.

mecinilla

Si Mecina parecía una pequeña aldea, Mecinilla es aún más pequeño.

Tomamos un sendero que parte de la zona más baja del pueblo en busca de nuestro siguiente destino. La bajada sigue siendo continua por terreno pedregoso.

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El sendero nos deja en la carretera. Tenéis que ir apenas unos metros a la derecha y ya encontráis el sendero que continua hacia el pueblo.

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Tardamos muy poco en llegar a Fondales.

fondales

Es un pueblo muy pequeño también, pero lleno de rincones con encanto.

En este punto, la mayoría de la gente toma el sendero GR-142 para continuar hacia Ferreirola, pero decidí dar un pequeño rodeo y bajar a ver el Puente Romano de Fondales. Este sendero, en un principio, es como los que tomamos hasta ahora, y en él disfrutamos por fin de algunos colores otoñales. Después se complicaría un poco.

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Pasamos por un tramo donde encontramos el suelo lleno de bolas de castaños. Para los que vayáis con perro, ojo en esta parte: os recuerdo que las bolas de los castaños pinchan. Si no podéis portear a vuestro perro, procurad que no las pisen.

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Me encantan los castaños, pero sobre todo cuando sus hojas se vuelven ocres. En la ruta del Barranco Alcázar – Área Recreativa la Tizná estaban aún verdes, pero es que creo que en esta ruta estaban más verdes todavía, habiendo pasado una semana. Este año se me resiste ver los castaños a mi gusto.

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El terreno cada vez se hacía más complejo, teniendo que subir por encima de las piedras en algún punto, pero a lo lejos ya veíamos nuestro destino: el Puente Romano de Fondales.

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El último tramo es algo más complejo, pasando por una zona un tanto escarpada. Las personas con experiencia haciendo senderismo no tendrán problemas, pero ojo con los niños, personas mayores o gente con miedo a las alturas.

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Pasamos por el puente únicamente para poder disfrutar de la caída y las vistas del río Trevélez.

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A pocos metros encontramos un pequeño arroyo que nos deja una estampa realmente original: el agua deja su huella en la piedra en forma de color rojizo.

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Estuvimos bajando desde que empezamos la ruta, así que a partir de ahora nos tocaba subir.

Esta parte es un poco pesada. El terreno es más árido, el sol aprieta mucho y hace calor, el sendero no está siempre claro y la subida es continua, pero a mitad de la subida encontramos un pequeño bosque de castaños que nos parece un paraíso: están verdes, cierto, pero hay que ver el lado positivo, así que aprovechamos para coger algunas castañas y degustarlas.

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Tras el descanso nos toca seguir subiendo, ya nos queda menos por este camino algo más aburrido.

Justo antes de entrar al pueblo, volvemos a encontrar una zona verde y con agua; parece que estamos haciendo la ruta en primavera, más que en otoño.

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Paseamos ahora por Ferreirola. Curiosamente es el único pueblo en el que no pasamos por ninguna calle con alguna fuente donde poder beber; en todos los demás encontramos como mínimo una.

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Al Igual que en Fondales, decidimos no tomar el camino habitual que hace todo el mundo. No subimos directamente a Atalbéitar, sino que continuamos un poco más por el sendero que se dirige a Busquístar para subir a Atalbéitar un poco más adelante. De nuevo no me arrepentí.

Andaba un poco chafada porque los castaños estuvieran aún verdes, ya que la ruta estaba siendo muy poco otoñal. Entonces, tras pasar la Era del Trance, llegamos a un pequeño bosque cruzado por un riachuelo que tenía justo lo que buscaba: colores amarillos.

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El agua se escuchaba mucho, pero la vegetación era tan densa que no se veía el riachuelo. Era un sitio precioso, más de lo que se refleja en las fotos y en el vídeo.

Poco después de pasar este bosque, tomamos un desvío a la izquierda por el que llegaremos a Atalbéitar, pero no sin antes deleitarnos con las vistas de Ferreirola y Pitres.

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Una vez más toca una subida constante, pero al igual que antes, encontramos un pequeño paraíso por el camino. Esta ruta nos va regalando preciosos rincones cada poco tiempo.

Al llegar, descubrimos que el río que escuchamos en el bosque que habíamos pasado, venía de aquí arriba.

Pero al seguir andando, descubrimos que no sólo hay un río, sino también una acequia aún en uso.

Creo que a Luna también le encantó este lugar.

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Tras deleitarnos con este rincón idílico, más bonito de lo que se puede plasmar en una fotografía o un vídeo, nos toca dejarlo atrás y seguir.

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De nuevo nos espera una intensa subida por un sendero más bien seco, hasta llegar a Atalbéitar.

atalbeitar

Al igual que los demás pueblos me parecieron tranquilos y llenos de paz, Atalbéitar es algo más ruidoso; sus gentes son algo más escandalosas que en los pueblos aledaños.

Como era la hora de comer, aprovechamos para hacerlo en la Plaza de la Candelaria, donde un amplio escalón nos sirvió de asiento. Allí, tras el almuerzo, pudimos jugar con los gatos.

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Ya sólo nos quedaba regresar a Pitres.

La primera parte es andar simplemente por la carretera; un poco aburrido… pero al menos encontramos paisajes muy bonitos con el pueblo al fondo y con una zona de chopos que nos recordaba al Barranco Alcázar.

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Abandonamos la carretera para entrar en un sendero que nos dirige a un campo de chopos ya amarillos.

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Pensaba que este camino nos llevaría a ese bosque de árboles, pero en realidad bajaba hasta el cauce del río Bermejo, que tuvimos que cruzar.

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Cuando iba a entristecerme por no pasar por esa zona que parecía tan bonita, de nuevo la ruta nos dio unos últimos regalos.

Primero en forma de un inmenso castaño: sí, estaba verde, pero era tan grande y con tantas hojas que me fascinó.

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Y segundo, con un paisaje sencillamente hermoso: la acequia, los árboles, las hojas en el suelo… me enamoró.

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Fue el colofón perfecto para terminar la ruta antes de llegar a Pitres.

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Paseamos por el pueblo antes de llegar al coche y nos deleitamos con lo bien que olía la comida que salía de los bares. Eran las 15:30 así que seguía siendo buena hora para comer. Si empezáis la ruta temprano, podéis almorzar en este pueblo, y seguro que no os arrepentiréis.

Tardamos cuatro horas y media en hacer la ruta, pero porque la hicimos con muchísima calma, cogimos algunas castañas, hicimos muchas fotos, paramos a comer… a buen ritmo y sin parar a almorzar, se puede hacer en menos tiempo.

No suelo comentar nada del camino para llegar a los lugares. En este caso quiero hacerlo para aconsejar no hacer esta ruta en Domingo: a la vuelta, encontramos muchísimo tráfico de gente que había estado comiendo en los pueblos de la Alpujarra. Una vez que se abandona la autovía, todo es carretera nacional con muchas curvas. Si hay muchos coches, el camino se eterniza.

Disfruté mucho de esta ruta, ya que no paró de sorprenderme: el Puente Romano, los castañales, los bosques con arroyos, la acequia… Además une dos de mis pasiones: el senderismo y la visita a los pueblos. Una ruta muy recomendable, aunque esté algo lejos de Málaga.

Como no terminamos muy tarde la ruta, aprovechamos para visitar el pueblo de Pampaneira.

Os recomiendo que leáis la entrada: Consejos para hacer senderismo.

Para ver más fotos de la ruta, pinchar aquí.

Para descargar el track de la ruta, pinchar aquí.

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