DÍA 2: TOKIO – AKIHABARA, HAMARIKYU GARDENS, ODAIBA, TOKYO TOWER

08 de Abril de 2017

A pesar de estar despierta desde las 3 de la mañana del día anterior, las ansias por conocer Japón eran mayores que el cansancio; así que en cuanto soltamos las maletas en el hotel (sin hacer el Check-in porque no se podía hasta las 15:00 y aún eran las 10:00 de la mañana) nos echamos a la calle para conocer Tokio.

Nuestro primer destino fue Akihabara. Como teníamos nuestro pase ilimitado de metro, sólo teníamos que pasar el cartón por la máquina. Aunque parezca que el metro de Tokio es una locura, no difiere del de cualquier otro país. Yo os recomiendo la aplicación Tokyo Subway: sólo tienes que introducir las estaciones de origen y destino, y te propone la mejor opción. Es buenísima y a nosotros nos facilitó muchísimo el viaje. Además, funciona perfectamente offline, ya que no necesita de una conexión a Internet.

Nos dijeron que la mejor tasa para cambiar de Euros (€) a Yenes (¥) estaba en Akihabara, pero cuando fuimos a buscar la casa de cambio de la que nos hablaron, ya no existía… así que nos tocó ponernos a buscar. No encontrábamos ninguna y empezamos a agobiarnos. Nuestros siguientes destinos eran un jardín y Odaiba. Allí seguramente no habría, y al día siguiente era domingo. Preguntamos y nos mandaron a una casa de cambio en la misma estación de Akihabara. Tardamos la vida en cambiar porque justo delante teníamos a unas personas chinas que cambiaron una cantidad exageradísima de dinero… Perdimos media hora allí por el miedo a no encontrar otro sitio. Además, el cambio era peor que en el aeropuerto. Es por ello que os recomiendo que no os compliquéis y cambiéis al bajar del avión, directamente en el aeropuerto. Bastante frustrados por el tipo de cambio y molestos por la eterna espera, comenzamos a visitar Akihabara.

Es el barrio más friki de Tokio, cuna del manga, el anime y los Maid-Café. Siendo además el escenario del anime Steins Gate, tenía muchas ganas de conocerlo.

El tiempo no acompañaba nada, nublado y con amenaza de lluvia, así que el mejor plan era entrar en los edificios, y entramos en el más conocido, el edificio Sega. Se me pusieron los ojos como platos al ver cómo promocionaban uno de mis animes favoritos: Sword Art On Line.

Dentro descubrimos un mundo de videojuegos. Yo iba buscando algo concreto, los famosos Purikura: fotomatones japoneses donde te ponen los ojos inmensos y puedes decorar las fotos.

Por desgracia, estaba todo en japonés, por lo que no nos enterábamos de nada de lo que estábamos haciendo. No sabíamos en qué cabina teníamos que entrar, la cámara estaba bajísima por lo que teníamos que agacharnos mucho para salir en las fotos, a la hora de retocarlas al estar todo en japonés no sabíamos que teníamos que hacer, y lo peor: había una cuenta atrás, por lo que tampoco podías pararte a intentar intuir qué era cada cosa… vamos, ¡¡¡MUY ESTRESANTE!!! 😆 Aún así el resultado no fue del todo malo. Precio: 400 Yenes (3.40 €).

Otra de las cosas más típicas de Akihabara son las miniaturas de los animes. Era increíble la calidad de las figuras tan conocidas de series como Bola de Dragón, Evangelion, Fullmetal Alchemist

Entramos además en un Pachinko. Los veríamos a lo largo de todo el viaje, pero la primera vez que entras en uno y escuchas semejante escandalera en un ambiente inundado de humo de tabaco, te planteas cómo son los japoneses capaces de pasar horas ahí dentro…

Pudimos ver también a las “relaciones públicas” de los Maid-Café: vestidas de sirvientas, y con sus voces chillonas y agudas, te invitaban a subir a su cafetería.

Era la hora de almorzar, así que nos acercamos al mundo de la comida japonesa. En la puerta del restaurante había un escaparate con réplicas exactas de los platos hechas en cera. Sólo tenías elegir qué querías, meter el dinero en la máquina expendedora de tickets y darle el ticket al camarero. Yo me decidí por un plato de ramen, y Miguel por un combo de ramen y arroz con queso y pollo empanado. Nuestra primera experiencia al comer con palillos fue un poco frustrante, era más complejo de lo que creíamos…

La comida estaba muy buena y nos costó en total 1.000 Yenes (8.50 €). El agua es gratuita, por lo que te puedes ahorrar la bebida en las comidas.

Al salir, aproveché  parar comprarme mi paraguas transparente tan típico de Japón. La verdad es que es muy útil ver por dónde andas cuando llueve, sobre todo porque allí la lluvia viene racheada.

Para ir al siguiente destino (los Jardines de Hamarikyu) teníamos que coger el metro en la parada de Iwamotocho. No éramos capaces de encontrarla, así que preguntamos. Un hombre de mediana edad, al no saber inglés, nos acompañó hasta la misma entrada y después continuó su camino (en dirección opuesta a la nuestra). Ejemplo típico de la amabilidad japonesa. 🙂

Yo quería coger un barco desde los jardines que nos llevara a la isla de Odaiba. Fuimos corriendo para coger el barco de las 16:00, y al llegar (cuando aún eran las 15:30) nos dijeron que el último barco salía a las 15:00… El precio de la entrada a los jardines es de 600 Yenes (5.10 €) por persona.

Estos jardines fueron nuestro primer acercamiento a los cerezos, los cuales tuvimos la suerte de encontrar en plena floración en la fiesta de la sakura japonesa. Es increíble lo locos que se vuelven los japos con estos árboles.

A pesar de ser un jardín bonito y un curioso contraste entre naturaleza y metrópolis, estaba tan nublado y hacía tanto frío que nos costó disfrutarlo. Me recordaba al Parque Lumpini en Tailandia.

Como mi idea de ir en barco a la isla de Odaiba había salido mal, tuvimos que cambiar de plan e ir en tren.

El tren que lleva a Odaiba no estaba incluido en los pases diarios de metro, por lo que tuvimos que pagar los 320 Yenes (2.70 €) que costaba la ida por persona, más otros tantos de vuelta después.

Leí que el viaje en este metro era increíble. Era curioso, pero tampoco me pareció para tanto.

Nada más bajar del metro corrimos en busca del famoso Gundam del centro comercial Diver City. Imaginad mi chasco al llegar y comprobar que no estaba… ¡lo habían quitado! Según leímos, lo quitaron en marzo (hacía apenas un mes) y no lo volverían a montar hasta 2019: la intención es que el nuevo Gundam tenga movimiento y sea más animado. Al menos, un bonito campo de tulipanes multicolor rodeaba el acceso al centro comercial.

Tras la tercera frustración del día (después de no encontrar casas de cambio, no poder coger el barco a Odaiba y ahora no encontrar al Gundam), decidí no entrar por puro enfado a ese centro comercial y nos fuimos directamente al Venus Fort.

Este centro comercial sí me gustó. Dentro encontramos una recreación de una ciudad estilo europeo con un bonito cielo azul (en contraste con el mal tiempo que hacía fuera) y una exposición de coches Toyota. Supongo que el hecho de no pasar frío ni mojarme, y tomarme un delicioso crepe de nata y fresa, hizo que me gustara más este sitio.

Hicimos tiempo hasta que se hiciera de noche (aproximadamente a las 18:30) y poder disfrutar de la isla de Odaiba iluminada que tanto me apetecía conocer.

Comenzamos por la noria de Palette Town.

Sale en el opening de la serie de anime Bungo Stray Dogs y quería verla en persona. Con sus 115 metros de altura impresiona más de lo que pensaba, y su espectáculo de luces te dejaba mirándola como embobado.

Si no hubiera sido por el frío que hacía, me hubiera quedado observándola durante horas.

El siguiente destino era el edificio de Fuji TV. Había leído que tenían espectáculos de luces y música, y fuimos a verlo.

El edificio está iluminado desde que cae la noche, pero el espectáculo no comenzó hasta las 19:30. Dura unos 10 minutos más o menos. A mí me encantó, pero es que todo lo que tenga luces y música me vuelve loca, así que… 😛

Justo enfrente se encuentra la bahía de Odaiba. Sólo por ver las vistas de la mini Estatua de la Libertad con el Rainbow Bridge de fondo, hace que merezca la pena ir a visitar Odaiba.

Desde aquí se veían los rascacielos iluminados y se identificaba perfectamente la Tokyo Tower (escenario donde comienza y finaliza el antiquísimo anime Magic Knight Rayearth). Estaba iluminada en amarillo-anaranjado como a mí me gusta. Así que, estando cerca, y a pesar de cansancio, fuimos a verla.

Ésta fue la cuarta y última decepción del día en Tokio… a pesar de que hacía media hora que desde Odaiba la había visto iluminada de amarillo, al llegar a los pies de la Tokyo Tower, estaba iluminada con lunares morados… Normalmente su iluminación es Landmark Light (el color amarillento), pero seguramente con motivo de la Sakura, estaba iluminada en Diamond Veil, una decoración especial con puntos de colores según el motivo del festejo.

Llevaba cerca de 40 horas sin dormir, habíamos andando 21 km por Tokio (según mi podómetro) y estaba realmente agotada, así que nos volvimos a Ueno, donde teníamos el alojamiento, para buscar un sitio donde cenar.

El viaje de vuelta en metro (de aproximadamente media hora) se me hizo eterno y tuve que levantarme del asiento porque me quedaba dormida.

Elegimos para la cena una cadena de restaurantes de comida rápida en Japón, Yoshinoya, porque a Miguel le llamó la atención uno de los platos expuestos en la puerta. Cuál fue nuestra sorpresa al descubrir que ese huevo tan rojo, salía así en la foto ¡¡¡por estar crudo!!! Aún así, lo mezclamos con la carne y el arroz y estaba muy bueno. Como nos gusta terminar siempre con algo dulce, fuimos a una tienda FamilyMart cercana (que las hay a patadas por todo Japón, junto con Lawson y 7-Eleven) y compramos nuestro primer postre; poco japonés, pero buenísimo. 😉

Llegamos al hotel casi a las 22:00. Era el Hotel MyStays Ueno East (a menos de 10 minutos a pie de la Estación JR de Ueno). La habitación estaba bien, era limpia y agradable, aunque también bastante pequeña. No nos sorprendió porque sabíamos que los hoteles en Tokio tienen habitaciones pequeñas. Estaba en una calle tranquila, así que entre eso y el cansancio dormimos de lujo.

El primer día fue agotador: muchos planes, muchas frustraciones y muy mal tiempo que nos mostró la cara más hostil de Tokio. En contra de las ciudades conocidas hasta ahora, Tokio no es una ciudad para andar; sólo se pueden recorrer barrios concretos, porque para ir de un lado a otro (aparte de distancias inmensas) hay vías de tren y carreteras que impiden el paso en muchas ocasiones.

Esperábamos que el día siguiente fuera mejor…

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 3: TOKIO – TEMPLO MEIJI, TAKESHITA STREET, CRUCE SHIBUYA, GINZA, PALACIO IMPERIAL, AYUNTAMIENTO Y GINZA DE NOCHE 

ÍNDICE DEL VIAJE

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