DÍA 3: TOKIO – TEMPLO MEIJI, TAKESHITA STREET, CRUCE SHIBUYA, GINZA, PALACIO IMPERIAL, AYUNTAMIENTO Y GINZA DE NOCHE

09 de Abril de 2017

Empezaba nuestro segundo día en Tokio y, por desgracia, no comenzó mucho mejor que el anterior: si nos pareció que llovía el sábado, el domingo fue incluso peor…

En el metro comenzamos a ver las primeras curiosidades del día sobre Japón. La primera fue ver Ueno rodeado de mendigos. La verdad es que no sé por qué, pero pensaba que en Tokio no habría.

Vimos en nuestro vagón a la gente con mascarillas de las que tanto se habla (no por la polución o por no coger enfermedades de otros, sino por no contagiar al resto de sus propios resfriados), durmiendo (es increíble la habilidad de los japoneses para dormirse en cualquier lado), e incluso a un japonés quitándose imperfecciones de la cara con un espejo y unas pinzas.

Compró Miguel lo que pensaba que era un dónut rosa para el desayuno, pero terminó siendo un pan de cereza. Es lo que tiene comprar sin conocer los productos… 😛

Pasé todos los viajes en metro golpeándome en la cabeza con los aros para sujetarse; normal, teniendo en cuenta que a Miguel le llegaban por debajo de los ojos. Está claro que los japoneses son más bajitos…

Nuestro primer destino era el templo Meiji. Mis expectativas acerca de este lugar eran altas porque una amiga me lo recomendó encarecidamente. Por desgracia, cuando visitas un lugar lleno de gente y lloviendo a mares, el sitio en cuestión luce muy poco. Nada más llegar, nos recibe un inmenso torii de madera, y más adelante encontramos los famosos barriles de sake.

Organicé mi viaje para ir a visitar esta zona en domingo porque a este parque van muchas personas vestidas de forma muy “original”. Por desgracia, al llover tanto, no había más que turistas como nosotros.

Para mas inri, al llegar al templo, éste estaba en obras… una inmensa mole de andamios tapaba el templo. Aproveché para seguir las costumbres y lavarme las manos junto a los demás.

Vendían unas tablas de madera para apuntar los deseos y colgarlas allí. Me llamó la atención encontrar escritos de todo el mundo, entre ellos tailandeses, chinos y árabes.

A pesar de no encontrar gente disfrazada en el parque, sí pude ver pasar a una novia japonesa vestida con la ropa tradicional, camino de su ceremonia nupcial que iba a celebrar en ese mismo templo.

Os dejo la puerta de entrada al recinto para que veáis que no todo era feo y estaba en obras.

El siguiente destino de visita obligada tras el templo Meiji, es Takeshita Street. La lluvia no daba tregua y cada vez valoraba más mi súper paraguas transparente que compré el día anterior en Akihabara.

La visita a Takeshita fue de lo más divertida.

Era curioso ver cómo las chicas llamaban a los clientes (camisa para vender en mano) para que entraran a su tienda, mientras otro empleado tenía fundas de plástico en la mano para que los clientes metieran sus paraguas mojados antes de entrar en la tienda.

Sin duda os recomiendo entrar a los comercios: la ropa y complementos son de lo más kawaii que puedes encontrar en todo Tokio.

Tras la frustración del día anterior con el Purikura, decidimos darle una nueva oportunidad en una tienda con 30 máquinas diferentes. Elegimos la que parecía más sencilla y nos pusimos manos a la obra. Esta vez nos fue mucho mejor y lo disfrutamos más.

Pero si hay algo a lo que no podrás resistirte en esta calle, es a comerte un crepe: tiendas con réplicas hechas en cera de los mil tipos posibles de crepes te rodean por todos lados, y hasta una intolerante a la lactosa (como yo) caerá en la tentación. Los nuestros: uno de fresa, tarta de queso y nata, y otro de tiramisú, chocolate y nata. Buenos no… ¡¡¡OISHII!!! (deliciosos).

Con la panza llena, nos dispusimos a salir de allí. Entrar fue fácil, pero salir de Takeshita Street, cuesta arriba, lloviendo y con tanta gente, no fue tan sencillo.

El siguiente destino era el cruce de Shibuya, pero antes fuimos a ver la famosa estatua de Hachiko: ese perro que se pasó los últimos años de su vida esperando a su dueño y en el que se basó la película “Siempre a tu lado” (que no voy a ver jamás porque podría pasarme una semana llorando)…

Todo el mundo va a la cafetería Starbucks a hacer las fotos del cruce de Shibuya, pero al ser sólo una 3ª planta, no se ve bien porque no hay altura suficiente. Busqué por Internet qué otras opciones había, y encontré el Excel Hotel Tokyu: en su última planta hay una cafetería, y al final del pasillo (sin entrar en la cafetería) se ve el cruce. El único inconveniente es que avisan que no está permitido el paso a personas que no se hospeden allí. Ya depende del morro que queráis echarle. Además, el cristal hace mucho reflejo.

Una vez más, la suerte no me acompañó, y durante los cinco minutos que estuve haciendo fotos apenas pasó gente por el cruce. Tampoco quise estar mucho tiempo porque me la estaba jugando… Cuando bajamos de nuevo al centro comercial donde se encontraba el hotel, empezó a pasar mucha gente (como se ve en la foto de abajo a la derecha)… Mi suerte y yo… 😕

A Miguel el cruce no le llamó demasiado la atención, pensó que tenía más fama que otra cosa. Lo que sí que es cierto es que no es sencillo pasar. Dicen que se pasa sin problemas y nadie se choca… y de eso nada: a mí me engancharon el paraguas un par de veces.

Pusimos rumbo al siguiente destino: Ginza. Este barrio de día no tiene mucho interés, la verdad… Estando allí, antes de que se nos hiciera más tarde, aprovechamos para almorzar.

Os recomiendo que callejeéis un poco porque en las calles principales el precio en los restaurantes es bastante más caro; así encontramos el restaurante Sanuki Udon Hanamaru. El día anterior probamos el ramen y nos dejó un poco indiferentes… pero este udon nos encantó: estaba mucho más sabroso, y muy cremosa la pasta. Además de nuestros cuencos de udon, pedimos pollo frito y batata en tempura. Todo riquísimo por 1.110 Yenes (9.20 €).

Nos sorprendieron muchísimo dos cosas: la primera los tazones inmensos que se comen los japoneses de comida y segundo la rapidez con la que los deboran. En el tiempo que estuvimos comiendo nosotros, ¡pasaron 3 parejas distintas en nuestra mesa de al lado!

El plato de udon calentito nos sentó de maravilla y salimos con fuerzas renovadas al día tan desapacible que hacía en la calle.

Recorrimos sus calles y entramos en un supermercado. Hubo varias cosas que me llamaron la atención. La primera fue que allí te hablaba todo el mundo y te hacían reverencias según pasabas. La segunda, el comprobar que el 80% de la comida que había allí no sabíamos qué era. La tercera, que la caja del supermercado estaba en el centro del mismo del establecimiento, y no a la salida. En España eso sería impensable… La gente robaría toda la comida. Como no teníamos postre, me compré una tartaleta de frutos secos que eligió Miguel y que estaba de muerte. Los japoneses son dioses haciendo postres y dulces… 😛

Cuando salimos de la tienda vimos algo también impensable en España: ¡operarios limpiando los semáforos! Durante todo el viaje comprobamos la extrema limpieza y buen mantenimiento que tienen los japoneses en sus calles, semáforos, farolas y cualquier mobiliario urbano.

Relamiéndome aún por el postre, fuimos en busca de dos de los puntos de interés de este barrio. El primero, el teatro Kabuki-za, el principal teatro de Kabuki de Tokio.

Después fuimos a ver la estatua de Godzilla. Cogimos el metro porque el tiempo era bastante malo, había que dar un rodeo grande para llegar y al tener pases ilimitados de metro, nos era muy cómodo. Como en las estaciones de metro hay muchas salidas distintas, preguntamos a unos chavales por la estatua de Godzilla y se nos quedaron mirando con cara de qué diablos hablábamos. No entendimos esa reacción hasta ver la estatua: era tan pequeña que posiblemente ni sabrían que existía… 😆

Nuestro siguiente destino era el Ayuntamiento, para ver las vistas de Tokio de noche, pero aún había bastante luz, así que decidimos ir al Palacio Imperial.

Una vez más, la suerte se escondía de mí, y al llegar comprobamos que estaba cerrado al público. Hacía pocos días habían estado los reyes de España en Tokio, y seguramente la familia real japonesa aún estuviera en el palacio y por eso no se permitía el acceso.

Tuvimos que conformarnos con dar una vuelta alrededor del recinto. Aún así, fue un bonito paseo alrededor del foso. Los cerezos en flor y los rascacielos tan cerca hacían un interesante contraste.

Aquí vivimos otro claro ejemplo de lo organizadísimos que son los japoneses. Había dos operarios en la calle indicando a la gente por dónde tenían que andar (por el lado izquierdo). Nosotros íbamos andando por la derecha, y nos dijo amablemente (en perfecto japonés 😛 ) que teníamos que ponernos al otro lado.

Cayendo la tarde y viendo los rascacielos comenzando a iluminarse, dejamos esta zona y pusimos rumbo al Ayuntamiento.

Cuando llegamos al Ayuntamiento ya era de noche. Nosotros entramos a la torre norte, que es la única que permanece abierta por la tarde hasta las 23:00 horas. Hay muchos sitios desde donde disfrutar de las vistas de Tokio, pero el único gratuito era éste.

Al entrar, un guardia revisa todas las mochilas y bolsos, y luego nos ponen en cola para subir en el ascensor, en el que entran unas 12 personas.

Las vistas de Tokio de noche son espectaculares.

Las cristaleras del edificio hacen muchos reflejos, pero con un poco de paciencia se pueden sacar buenas fotos.

A la salida, tocaba esperar una inmensa cola de gente que tenía que bajar por el ascensor; y aún así, fue más rápido de lo esperado.

Ginza no me gustó mucho por la tarde, pero pensaba que de noche esos edificios debían mejorar, y así fue. Me encantó el paseo que dimos por Ginza de noche: los edificios iluminados eran realmente espectaculares.

Dimos un paseo por Ginza disfrutando del espectáculo de los edificios iluminados, y aprovechamos para entrar en un 7-Eleven para comprar comida para el almuerzo del día siguiente.

Habíamos visto durante todo el día que las ambulancias en japón van diciendo cosas por la megafonía. En los primeros segundos de este vídeo podéis oír cómo dicen algo; nos resultó de lo más llamativo, por no saber qué irían contando…

Paseamos buscando un sitio donde cenar, pero no vimos ninguno que nos convenciera y los que vimos tenían mucha cola y nos daba pereza esperar, así que nos volvimos a Ueno. Allí, entramos en un sitio llamado Yakitori.

Era la primera vez que entrábamos en un sitio que no estuviera a pie de calle. La tortilla y pinchitos que pedimos estaban buenísimos. El inconveniente es que en Japón se permite fumar en los locales, y acabamos ahumados apestando a tabaco…. La cena fueron 1.274 Yenes (10.60 €), quizás algo caro en comparación con otros sitios, para la escasa comida que pedimos.

Con otros 20 kilómetros más en el cuerpo y despiertos desde las 8:30, llegamos al hotel a las 22:30; lo justo para preparar las cosas del día siguiente y echarnos a dormir, porque al día siguiente nos esperaba un buen madrugón y unos cuántos kilómetros en coche.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 4: TOKIO (ALQUILER DE COCHE) – MONTE FUJI, LAGO KAWAGUCHI, NARUSAWA ICE CAVE, FUGAKU WIND CAVE, BOSQUE AOKIGAHARA, SAIKO IYASHI NO SATO, CATARATAS SHIRAITO Y OTOME

ÍNDICE DEL VIAJE

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