DÍA 4: TOKIO (ALQUILER DE COCHE) – MONTE FUJI, LAGO KAWAGUCHI, NARUSAWA ICE CAVE, FUGAKU WIND CAVE, BOSQUE AOKIGAHARA, SAIKO IYASHI NO SATO, CATARATAS SHIRAITO Y OTOME

10 de Abril de 2017

Y por fin llegó el día que más ansiaba de mi viaje a Japón: ¡la visita al Monte Fuji!

Como quería visitar varios puntos, el único modo de hacerlo era disponer de un medio de transporte propio, así que alquilamos un coche. Las gestiones las hicimos desde España mediante la página Japan Experience. Buscamos un rent-a-car que estuviera en la estación de Ueno y poder tener así ese tema solucionado cuando llegáramos.

Quería evitar a toda costa el colapso de tráfico de Tokio en hora punta, así que lo teníamos alquilado a partir de las 6:00 de la mañana. Por desgracia, el trámite de la entrega del coche fue muy lento. Además, el GPS en el que confiábamos y que estaba integrado en el coche, no aceptaba las coordenadas decimales (que son las que siempre usamos para todas nuestras rutas), por lo que tuve que volver a la estación de Ueno para conectarme a su WiFi y poder descargarme una aplicación para pasarlas de decimal a sexagesimal (grados, minutos y segundos). Por cierto, con lo que sí funcionan los GPS de Japón es con el sistema de Mapcodes.

Con todos estos retrasos y complicaciones, terminamos saliendo a las 6:45 de la estación. Aún así, la salida de Tokio no fue tan mala como esperábamos.

En cuanto se sale de la ciudad hay que pagar peajes, y son bastante caros. Para la ida pagamos tres: 1.300, 980 y 1.970 Yenes (35 € en total). Si no se lleva tarjeta prepago (ETC) para el peaje, hay que coger un ticket y pagarlo con dinero en efectivo al final del tramo de peaje, accediendo SIEMPRE por los pórticos con el cartel verde (para el pago en efectivo).

El GPS, salvo por el inconveniente de las coordenadas, funcionaba genial y era muy cómodo, ya que indicaba con imágenes muy claras los carriles a tomar.

Los japoneses conducen bastante despacio y son muy educados, por lo que conducir por las autopistas de Japón es una gozada.

Teniendo en cuenta el pésimo tiempo que nos había hecho durante lo que llevábamos de viaje y que el pronóstico tampoco era demasiado bueno para ese día, no iba con esperanzas de ver el Monte Fuji, la verdad. Sin embargo, cuando estábamos llegando al primer destino, apareció por nuestra izquierda y nos dejó boquiabiertos… 😮

Llegamos a nuestro primer destino: el lago Kawaguchi. Desde aquí siempre hay unas vistas preciosas del Monte Fuji sobre el lago. Hoy, con el día nublado y gris, lucían bastante menos, pero al menos estábamos viendo el imponente volcán y eso era más de lo esperado.

Nos sorprendió muchísimo su inmenso tamaño; las fotos no son capaces de captar la majestuosidad del Fuji.

Tras hacerle un millón de fotos, pusimos rumbo al siguiente destino: Narusawa Ice Cave. Ya en los carteles se avisaba de que era una gruta compleja, e informaban que estaba prohibida a embarazadas, personas mayores, niños… Aún así, nosotros entramos la mar de tranquilos.

Al llegar a la boca de la cueva vimos subiendo, sumamente fatigados, a un grupo de asiáticos que acababan de visitarla, y empezamos a preocuparnos.

Es verdad que la cueva es bastante compleja: bajadas muy empinadas, suelo que resbala, zonas muy estrechas y bastante frío.

Pero aún así, nos resultó bastante divertida. Debéis tener cuidado con la altura de la cueva, porque Miguel terminó con una pequeña magulladura en la espalda. El casco por supuesto es imprescindible (te lo proporcionan a la entrada de la cueva); nos habríamos traído un montón de chichones de recuerdo de no haber sido por los cascos… 😉

Dentro hay algunas formaciones de hielo bonitas.

Se visita en unos 10 ó 15 minutos (nosotros la recorrimos dos veces).

A 3 minutos en coche de aquí se encuentra la cueva Fugaku Wind Cave. Nosotros adquirimos, en la taquilla de la cueva anterior, un pack que incluía la visita de ambas cuevas por 600 Yenes (5 €) por persona.

Esta segunda cueva es mucho más sencilla que la anterior y más o menos del mismo estilo.

Tras visitar las cuevas vamos al siguiente destino: el famoso bosque de Aokigahara (Aokigahara Jukai Forest), conocido también como el Bosque de los Suicidios.

Este lugar, que inspiró hace poco una película, guarda una oscura y tétrica historia en su interior: es elegido por los japoneses para ir a suicidarse. La sociedad japonesa es sumamente exigente, y las personas que no pueden con esa presión, buscan una salida a sus problemas en el suicidio.

Se cuenta que antiguamente se abandonaba en este bosque a ancianos y niños de los que no podían hacerse cargo sus familias, por lo que dicen que el bosque está lleno de almas atormentadas. Sin embargo, a mí me pareció un lugar precioso, tranquilo y lleno de paz.

Al haber nacido de la lava del volcán, el terreno es irregular y complejo, por lo que no os recomiendo saliros del sendero marcado.

Os recomiendo ver la entrada: Ruta Bosque Aokigahara.

Tras la ruta, a la que dedicamos menos de hora y media, nos dispusimos a comer lo que compramos el día anterior: yo almorcé un pequeño bento con arroz, tofu, huevo, pollo y una pequeña ensalada de col, y Miguel se arriesgó menos con un sándwich y un bocadillo de lo que parecían un par de hamburguesas, pero que al final resultaron ser también de tofu… ¡Jajaja, manudo chasco! 😛 Unas patatas y un par de dulces completaron el menú.

Tras el almuerzo pusimos rumbo a Saiko Iyashi no Sato, un pequeño pueblo turístico hecho con casas traídas de Shirakawago (pueblo que también visitaríamos más adelante). La entrada al pueblo valía 350 Yenes (2.90 €) por persona.

Pensaba que, siendo abril, todo estaría verde y bonito, pero era más invierno que primavera y estaba todo seco y lúgubre, lo que deslucía bastante el pueblo.

El pueblo está compuesto por varias casas tradicionales que se pueden visitar.

Nosotros íbamos por un motivo muy concreto: queríamos disfrazarnos. Las mujeres podían elegir entre varios kimonos, y los hombres iban vestidos de samuráis. He aquí el resultado.

Tener el monte Fuji al fondo le daba mayor encanto a las fotos.

El alquiler del disfraz, con el que te vestían las mujeres de la tienda, era de 1.000 Yenes (8.20 €) por persona. El tejido del kimono era bueno y el de samurái llevaba muchas capas (y pesaba bastante, según decía Miguel, sobre todo la katana). En Kioto vimos que también había muchísimos sitios donde poder vestirse, pero el precio mínimo eran 3.000 Yenes (24.60 €) por persona.

Después de hacer cientos de fotos, tomamos el coche al siguiente destino.

Las cuevas, el bosque de Aokigahara y el pueblo de Saiko estaban muy cerca entre sí, pero el siguiente punto estaba a 45 minutos en coche.

La entrada a las cataratas es gratuita pero hay que pagar 500 Yenes (4.10 €) por dejar el coche en el aparcamiento. Es un recorrido cortito donde se visitan dos cascadas. La primera, que sólo se puede ver desde un mirador, es la cascada Shiraito.

Tras pasar por una calle llena de tiendas, llegamos a la siguiente, la cascada Otome.

En directo es mucho más bonita que en las fotos, y si hubiera hecho un buen día, hubiera lucido bastante más.

Tras visitarla, hay que subir unas escaleras que nos permitirán verla desde arriba.

Con esta última parada dábamos por finalizada la visita a la zona del Monte Fuji. Desde el aparcamiento le tuvimos que decir ya adiós.

Al habernos ido moviendo alrededor del Monte Fuji todo el día, el camino de vuelta fue por otro lado, por lo que estuvo acompañándonos a nuestra izquierda buena parte del regreso.

Como a la ida, la vuelta fue toda por peaje. En este caso fueron dos: 3.430 y 1.300 Yenes (39 € en total). Estábamos bastante cansados y el viaje de vuelta se hizo un poco pesado.

Al regresar a Tokio teníamos que echar gasolina, y el encontrar una gasolinera fue bastante más complejo de lo que pensábamos. Cuando por fin lo logramos, fue toda una experiencia. Cuatro empleados nos recibieron con los brazos abiertos (literalmente), sonrientes y sumamente agradecidos. Las mangueras estaban en el techo y mientras uno nos llenaba el depósito, el otro nos limpiaba la luna delantera. Al cobrarnos, el chaval casi se golpea la cabeza con el coche con tanta reverencia (abrió la puerta del coche y se arrodilló a nuestro lado, no permitiendo que saliéramos), y la despedida fue igual de efusiva; todo era tan exagerado que parecía una cámara oculta. En total, nos gastamos 2.736 Yenes (22.60 €) en gasolina.

Tras soltar el coche en el rent-a-car, fuimos a la estación para activar nuestro JR Pass, ya que al día siguiente lo necesitaríamos para ir a Nikko. Cuál fue nuestra sorpresa cuando nos dijeron que las oficinas de JR de la estación de Ueno habían cerrado a las 19:00, y que teníamos que ir a Tokyo Station si queríamos activarlo esa misma tarde.

No teníamos nada de ganas de ir hasta allí, pero preferíamos dejar ese tema arreglado para madrugar un poco menos al día siguiente; así que, como teníamos el pase ilimitado de metro, nos fuimos para allá.

Nos costó bastante encontrar la oficina que se encarga de eso en Tokyo Station (JR East Travel Service Center), y al llegar había una cola inmensa de gente. Nos hicieron rellenar un papel con nuestros datos y entregar el cupón que te envían a casa cuando compras el JR Pass. Os recomiendo, si tenéis tiempo, hacer este trámite cuando lleguéis a Tokio, en el mismo aeropuerto.



Ya que estábamos allí y habíamos perdido la tarde, nos acercamos a la oficina de reserva de tickets y sacamos todos los billetes que necesitaríamos para el resto del viaje. ¡Ojo! Revisadlos todos bien, porque nosotros nos dimos cuenta al final del viaje de que uno de ellos estaba mal (tenía una hora incorrecta). Y menos mal que los reservamos, porque para el día siguiente a Nikko ya no quedaban plazas libres a la hora que yo quería, así que tuvimos que coger otro tren que salía más temprano. Quizás si hubiéramos reservado esa misma mañana, nos habríamos quedado en tierra, o habríamos viajado de pie.

Podéis viajar en los trenes con el JR Pass sin reserva de asiento (suele haber algunos vagones donde no hace falta reserva, y el primero que llega se sienta), pero si no hacéis la reserva podéis quedaros sin asientos y tener que viajar 3 horas de pie, lo cual debe ser bastante cansado…

Para poder elegir vuestros trenes, os recomiendo la aplicación HyperDia. Es muy útil para saber qué trenes hay que coger para ir a cada destino, te dice si tienes que hacer alguna combinación de trenes, a qué hora sales y llegas (y son súper puntuales, os lo aviso), de qué andén sale el tren, a qué andén llega… Ojo: necesita conexión a Internet. Nosotros nos guardábamos los pantallazos de los transbordos de cada día para tenerlos disponibles. A nosotros nos vino estupendamente, tanto para organizar nuestros viajes en tren, como para sacar los tickets, ya que simplemente enseñándole la pantalla a la chica de la oficina de tickets de Japan Rail, ella ya sabía para qué tren, día y hora necesitaba reservar los asientos, y fue todo mucho más rápido y  sencillo.

 HyperDia - Japan Rail Search: captura de pantalla

Eran ya las 9 de la noche y empezaba a hacerse tarde para cenar, así que salimos de la estación y buscamos dónde comer. El lugar elegido: una franquicia cuyo nombre no sabría deciros, porque estaba escrito sólo en japonés. Pedimos un par de cuencos de arroz con cerdo, y con pollo y huevo, que estaban muy buenos y nos costaron sólo 650 Yenes (5.40 €). El arroz con la carne calentita entró de lujo en el estómago. Eso sí, de beber no nos pusieron agua, sino una especie de té que sabía realmente horrible… ¡¡¡y el resto de los clientes se lo bebían encantados!!!

Nos esperaban 20 minutos más de metro para volver de nuevo a Ueno, así que un día más entre llegar y preparar todo para el día siguiente… nos acostamos pasadas las 23:00.

Hoy fueron “sólo” 11.5 km de caminata, pero el frío y el viaje en coche resultaron bastante cansados.

Nos fuimos a la cama agotados, con la intención de dormir mucho, y eso que no sabíamos lo que nos esperaba al día siguiente…

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 5: TOKIO – NIKKO, AKIHABARA DE NOCHE

ÍNDICE DEL VIAJE

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