DÍA 5: TOKIO – NIKKO, AKIHABARA DE NOCHE

11 de Abril de 2017

Desde que llegamos al “País del Sol Naciente”, al sol no lo habíamos visto aún ni una sola vez… Pero lo de este día fue terrible.

Sabíamos que en Nikko nos iba a llover, pero nuestro fallo fue creer que llovería como en Tokio, y no… eso afectaría al resto del día.

Quería haber salido más tarde de Tokio, pero al no quedar billetes, tuvimos que adelantar la hora del tren. Me angustiaba un poco no saber cogerlo, pero todo estaba indicado. Si veis que el cartel está en japonés, esperad unos segundos y pasará a inglés. En caso de duda, siempre hay personal a quien preguntar. Son tan organizados que tienen incluso las líneas marcadas para hacer cola, y los trenes paran siempre en el número de vagón indicado en el suelo. La puntualidad es extrema.

Subimos al tren que nos dejó en Utsunomiya, y de allí cogimos un tren regional (que no tenía asientos reservados) hacia Nikko.

Al llegar a Nikko, la torta de frío fue monumental: hacía muchísimo más del que esperaba y llovía de forma intensa y constante.

Agarramos los paraguas y nos pusimos camino a la zona de los templos (primer error: con la que caía, deberíamos haber subido en bus). Estábamos a 25 minutos andando, pero con semejante frío y lluvia, cuando llegamos al primer punto visitable, yo ya estaba empapada y congelada.

El primer punto de interés era el Puente Shinkyo. Cuenta la leyenda que un día Shodo Shonin, el monje fundador del Shihonryu-ji (el primer templo de Nikko), se encontró el río Daiya embravecido. Normalmente lo cruzaba sin problemas, pero ese día la fuerza del agua hacía imposible llegar al otro lado y regresar al templo. En ese momento se puso a rezar pidiendo encontrar un modo de cruzar el río y apareció un dios gigante vestido de azul que le lanzó dos serpientes, de un lado al otro del río. El monje no dudó en caminar sobre las serpientes y cuando llegó al otro lado, miro hacia atrás y tanto el dios gigante como las serpientes habían desaparecido. Es por eso que el puente Shinkyo es también conocido como el “Puente de las Serpientes”.


Desde su construcción, el puente ha estado reservado a generales y mensajeros de la corte imperial. La gente normal debía utilizar una pasarela cercana, que es lo que hicimos nosotros, porque cobran por cruzar por encima del puente.

Había visto mil fotos de este lugar verde, luminoso, precioso… pero supongo que estarían hechas en verano porque ahora todos los árboles estaban pelados y casi todo seco….

Tras el primer fiasco, pasamos a ver los templos. El primero: el Templo Rinnoji. Sinceramente, ni os molestéis en entrar. Dentro no se permiten fotos y no veréis más que andamios por todos lados. 400 Yenes (3.30 €) por persona tirados a la basura…

Después del segundo chasco, decidí ir a ver la joya de la corona de Nikko: el Santuario Toshogu. Más le valía ser bonito, con sus 1.300 Yenes (10.70 €) por persona que costaba la entrada…

Hay que admitir que el lugar era bonito y los edificios tenían toda la madera tallada con un detalle y calidad asombrosas; pero tantísima lluvia, tanto frío y tan poca luz, deslucían muchísimo el lugar.

De haber sabido que nos caería semejante tromba de agua, hubiéramos comprado un chubasquero de plástico. Al llevar mochilas, con tanta lluvia se mojaron, se empaparon y comenzaron a calar la ropa. La primera en caer fui yo: la mochila estaba tan mojada que me caló los pantalones hasta el punto de llegar a la ropa interior. En el santuario Toshogu tuve que quitarme los zapatos para entrar a una de las salas. El suelo congelado y mis pies mojados me provocaron un dolor terrible en los dedos que me impedían casi andar. Eso, sumado a que tenía los calcetines mojados y que los dedos de las manos los tenía doloridos por el frío, hizo que buscáramos algún sitio donde poder comer algo caliente y cobijarnos por un rato. Por vergüenza, no os enseño mi culo empapado, pero así estaban mis manos y los calcetines.

Dejamos la zona de los templos y bajamos a la calle principal más cercana. Encontramos un local con los platos de cera en la puerta y allí entramos. Me apetecía arroz con carne y huevo, pero mi cuerpo pedía una sopa caliente, así que pedimos cada uno nuestro plato, y para compartir un cuenco de udon. Al final mi plato traía sopa de miso, así que me inflé a caldo caliente. Yo pedí arroz con huevo y pollo (que incluía la sopa de miso que a mí me gustó pero a Miguel no), y Miguel pidió Tonkatsu (pollo empanado) con curry y arroz, y el plato de udon. Era muchísima comida, pero estaba tan buena que la nos la acabamos toda. 2.500 Yenes (20.60 €) fue la cuenta; de los días que más gastamos en comida, pero también de los que mejor nos sentó. 😉

Algo más seca y tras entrar en calor, nos dispusimos a seguir con el día.

Decidí bajar un poco y visitar el Abismo de Kanmangafuchi. La zona estaba completamente inundada, así que tuvimos que pasar por los lados con mucho cuidado.

Lo más famoso de este lugar son los budas vestidos de rojo con sombreros y “baberos”.

Pero lo que me enamoró de este lugar fueron los paisajes y su tranquilidad, que contrastaba con la marabunta de gente de los templos y santuarios. Si se veía así de bonito con todo seco y nublado, en verano con todo verde y sol debe ser una maravilla.

El río y los dos saltos de agua eran casi mágicos

Me planteé subir a la zona de los templos de nuevo para ver alguno más, pero como si alguien allí arriba oyera mis pensamientos, la lluvia empezó a apretar aún más y la mochila de Miguel comenzó a calarle la ropa a él también. Estábamos a media hora andando de la estación, así que en cuanto encontramos una parada de autobús, esperamos y nos subimos en el primero que pasó. 240 Yenes (2 €) por cada uno por un paseo de 5 minutos… pero no podíamos continuar la visita así.

Al llegar a la estación compré mi primer Dorayaki (el famoso dulce que volvía loco a Doraemon). Compré el auténtico, el que tiene pasta de judías dulce por dentro ¡y me encantó! Podría comerme 20 de una sentada. 😛

Pasamos por la oficina de Japan Rail de la estación de Nikko y adelantamos nuestra vuelta a Tokio. Fue una pena no poder disfrutar de este lugar como se merecía…

En el tren regional de vuelta íbamos rodeados de estudiantes. ¡Me encantan los uniformes japoneses! Sobre todo esos con cuello alto como en la serie Sakamoto Desu ga. A los chicos les queda genial, pero las chicas se veían siempre como si les quedara grande…

Una vez llegados a Tokio, pasamos por el hotel para cambiarnos de ropa, no sin antes comprar más dulces de pasta de judías, en este caso con forma de pez. ¡Qué buenos estaban! Los compramos en la estación y nos atendió una mujer que no paraba de sonreír, hablarnos y deshacerse en atenciones. Tras dar mil veces las gracias e irnos, ella seguía hablándonos (no sé si nos diría “que tengan buena noche, gracias por la compra…”). Es sorprendente la excelente atención que dan las dependientas en Japón.

Una vez secos y cómodos de nuevo, aunque en Tokio también llovía, fuimos a ver Akihabara de noche. ¡El lugar cambia completamente de verlo de día a verlo de noche iluminado!

Fuimos a la famosa tienda Don Quijote, porque decían que era un buen sitio para comprar regalos. No nos lo pareció, pero fue toda una experiencia estar en ese mega centro comercial que te acerca a lo que es el verdadero Japón. Pudimos ver sus tipos de comida, productos cosméticos, utensilios de cocina…

Aunque no compramos regalos allí (porque no vimos nada que nos gustara y era bastante caro), sí vimos souvenirs de lo más graciosos, como estos muñecos que se movían con la luz, a cada cual más simpático.

Los japoneses tienen cierta fama de pervertidos… y después de ver la zona erótica de Don Quijote, no nos extraña… ¡jajaja! Son expertos en el onanismo. He encontrado en YouTube este vídeo que vimos allí y nos dejó… en fin, no hace falta que os diga qué anuncia… Nos quedamos con la cancioncita de “Love me Tenga” en la cabeza el resto de la noche… XD

Por la calle, también de noche, estaban las chicas de los Maid-Café. A Miguel le dio pena que tuvieran que estar con aquellas ropas minúsculas con semejante lluvia y frío.

A la lluvia se unió el aire, y pasear por Akihabara se estaba haciendo muy incómodo, así que decidimos volver a Ueno para cenar.

Por comodidad, compramos cuatro billetes de metro en la estación de Ueno: dos para ir a Akihabara y otros dos para volver. En Madrid, por ejemplo, puedes comprar varios billetes de metro y los vas usando según los necesites. Para ir no tuvimos problema, pero a la vuelta de Akihabara, al meter el ticket en el torno, se nos cerró la puerta delante (allí las puertas de los tornos están siempre abiertas y sólo se cierran si al meter el ticket o tarjeta hay algún problema). Miramos sorprendidos al guardia, que nos la abrió casi sin mirarnos, y seguimos. En el metro de vuelta miramos el ticket y observamos que tenía impreso: “Ueno”. Empezamos a sospechar que al haber comprado los cuatro billetes allí, sólo eran válidos para viajes desde la estación de Ueno, y no desde otra estación. Al salir del metro, de nuevo había que pasar el ticket y sucedió lo mismo. En este caso, el guardia no nos dejó pasar como el otro, y con cara de pocos amigos nos interrogó. Él no hablaba mucho inglés y nosotros no hablábamos japonés (evidentemente)…

Una vez más, salimos del paso gracias a la amabilidad y ayuda de los nipones: un chaval joven, que me vio apurada por lo que sucedió, se ofreció a ayudarnos. Él, que sí hablaba inglés, le tradujo al guardia todo lo que sucedía: que habíamos comprado cuatro viajes, dos para ida y dos para vuelta, y que ahora el torno no nos dejaba pasar… El guardia nos miró con cara de “vaya pardillos de ojos redondos…” y nos dejó pasar. Si no hubiera sido por aquel chaval tan agradable, aún estábamos allí discutiendo con el guardia del metro… Así que ya sabéis: si no tenéis pase ilimitado (a nosotros ya se nos había agotado el que teníamos de 72 horas) hay que comprar los tickets en cada estación, según vayáis necesitándolos.

Ya en Ueno, descubrimos el restaurante en el que mejor hemos comido en todo Japón ¡y también el más económico! Yo quiero que monten un Za-Watami debajo de mi casa. 🙂

Era un restaurante más tradicional de lo que habíamos visto en otros lados. Tenía planta de fumadores y no fumadores, y obviamente elegimos la de no fumadores. Teníamos que quitarnos los zapatos al entrar y se los llevaban (cuando pedías la cuenta te los ponían de nuevo en la entrada), tenían un botón para llamar al camarero, y en el baño tenían unas zapatillas para entrar sin “manchar” los calcetines, aunque allí los suelos estaban siempre limpios y muy cuidados.

Pedimos varias cosas para probar. Los nombres literales de la carta eran “Tasty Chicken with Tasty Sauce” (pollo frito con salsa de soja), “Osaka Style Cabbage and Cheese Grill” (lo que al día siguiente descubriríamos que era un okonomiyaki con queso), “Meat Gyoza of the Watami Pride” (las famosas empanadillas Gyoza), y de postre Warabimochi con helado. Todo estaba increíble, pero el okonomiyaki con queso ¡estaba de escándalo! Creo que nunca he disfrutado tanto comiendo. Total: 1.728 Yenes (14.30 €).

Al irnos, se deshicieron en atenciones y agradecimientos. Al ser una 4ª planta, bajamos por el ascensor. La chica que nos atendió se quedó despidiéndonos en una reverencia con inclinación de 90º ¡hasta que la puerta del ascensor se cerró! No salíamos de nuestro asombro…

Llevaba todo el día con molestias, y supuse que serían del frío extremo y la humedad… pero no; tal y como sale en los anuncios, la señora de rojo decidió no perderse el viaje a Japón, adelantando su visita una semana… Es curioso comprar compresas allí. Siendo mujer, intuyes qué productos son (aunque por las letras no tengas ni idea). Lo curioso es que en España hay normal, súper, maxi… Allí las venden no por tallas, sino por centímetros de largo: lo mínimo eran 21 cm, y las había de hasta 35 centímetros. La verdad es que nunca me había dado por medirlas… La siguiente curiosidad es que, como los japoneses son muy escrupulosos con el tema de las intimidades femeninas, el dependiente envolvió el paquete en un papel opaco y lo metió dentro de una bolsa, para que nadie pudiera saber qué me llevaba… Los japos son increíbles. 😛

Llegamos a las 22:30 al hotel con 14.5 km en el cuerpo y mucho frío. Parece que no éramos capaces de llegar ningún día temprano… Al menos el día siguiente sería más tranquilo y sin tanto madrugón.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

DÍA 6: TOKIO – PARQUE DE UENO, ASAKUSA – KIOTO

ÍNDICE DEL VIAJE

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