MONTILLA

Hace ya seis años que visitamos este pueblo, pero no le había escrito ninguna entrada en el blog, por lo que me decidí a visitarlo de nuevo.

Es de los pocos pueblos en los que es muy sencillo dejar el coche, ya que tiene un inmenso aparcamiento muy cerca del casco antiguo. Incluso tiene plazas reservadas para caravanas (coordenadas: 37.587618, -4.634350).

Comenzamos la visita en el Paseo Cervantes: un bonito parque con una impresionante fuente donde las palomas aprovechan para bañarse.

Nos dirigimos a la Plaza Llano de Palacio y entramos por un bonito arco en busca del Convento de Santa Clara.

La iglesia del convento estaba cerrada, por lo que sólo pudimos ver su patio central.

Mientras continuamos la visita nos vino olor a churros. No pudimos resistirnos a comprar algunos tejeringos (o simplemente “jeringos”, como se dice en Córdoba). Aunque yo no debo comer cosas fritas, me pudo la tentación y me comí uno. Estaban muy buenos, os los recomiendo. 😉

Nuestro siguiente destino era la iglesia de Santa Ana. Las monjas estaban rezando y preparándose para la misa de las 11:00. Especialmente bella es la Inmaculada barroca que preside el altar mayor.


A pocos metros se encontraba la siguiente iglesia: San Francisco Solano. Está levantada sobre el solar de la vivienda en la que nació este santo franciscano.

Posee muchísimas capillas laterales muy bonitas e imágenes de gran calidad, aunque algunas me desconcertaban por su pelo natural, su cara o su postura.

Seguimos la visita hacia el siguiente edificio religioso, pero pasamos antes por la puerta del Ayuntamiento.

La Basílica de San Juan de Ávila ya impresiona desde fuera.

En esta iglesia se conservan, en una urna labrada, las reliquias de San Juan de Ávila, patrón del clero español.

Aunque es realmente bonita, lo que más impresiona, además de su magnitud, es su precioso retablo policromado de grandes proporciones y dedicado al Corazón de Jesús, atribuido al sacerdote y escultor Félix Granda.


Aparcamos momentáneamente la visita de iglesias y pusimos rumbo a la Casa de las Aguas (o Museo Garnelo). Nos costó un poco encontrarla porque, según el plano, parecía que el edificio daba a dos calles, pero en realidad se puede acceder únicamente por la Plaza de Ángel Sisternes. Gracias a la amabilidad de un vecino del pueblo (con un precioso perro pomerania negro), que nos llevó hasta la puerta, pudimos encontrarlo.

La Casa de las Aguas debe su nombre a que en este recinto estaban situados los depósitos de agua que servían de suministro a la ciudad.

Por dentro, el edificio tiene un precioso patio central y unas bonitas escaleras de hierro forjado. Nos llamó mucho la atención la forma de ubicar los lavabos en el cuarto de baño: ¿Dónde los ponemos? Pues ahí mismo… 😉

La Casa de las Aguas es un museo gratuito dedicado al pintor José Garnelo y Alda. La calidad de los cuadros era excelente y tocaba multitud de temáticas. La exposición es amplia y muy bonita.

Cuando vamos a museos, nos gusta jugar a descubrir las historias que hay detrás de los cuadros (siempre con todo nuestro respeto al autor, por supuesto). Los que nos resultaron más llamativos fueron estos cuatro:

– En “A la guerra” yo pensaba que el hombre le había dado un golpe a la mujer y la había dejado en el suelo mientras el niño intentaba detener al padre.
– La conversación del cuadro “Veturia y Coriolano”: ¡Ofuuuu, cómo me duele la cabeza! Pues mira, por allí hay una farmacia…
– ¿Tan mal olían las partes bajas de la flamenca, que ese pobre hombre acabó desmayado en el cuadro “Amor Brujo”?
– Y por último, la cara de tristeza del León en el cuadro “El Imperio”.

Tras la visita del museo ponemos rumbo a la plaza más bonita de Montilla: la Plaza de la Rosa. En ella, además del teatro y de la Ermita de la Rosa, se encuentra la impresionante fachada del edificio de la Tercia. Es una pena que se encuentre en tan mal estado de conservación.

El siguiente destino fue la iglesia de Santiago Apóstol, que encontramos abierta por la celebración de una Confirmación multitudinaria (en teoría hoy estaría cerrada).

La iglesia estaba llenísima, lo cual me sorprendió para ser un acto de Confirmación, y el cura no desperdició la oportunidad para, en su sermón, dejar clara su disconformidad con que se haga la Comunión y la Confirmación sólo como acto social y no por fe, y que la gente se confirme por poder ser padrino en un Bautizo, o que se casen por la Iglesia sólo porque es más bonito. Dio bastante caña, pero es cierto que tenía más razón que un santo…

Por dentro la iglesia es impresionante. Su origen se remonta a la primera mitad del siglo XV. Fue reconstruida en el siglo XVI con materiales procedentes del derribo del castillo.

En los siglos XVII y XVIII fue reformada y ampliada, lo que dio lugar a la aparición de numerosas capillas laterales, que combinan elementos renacentistas y barrocos con su originaria decoración gótico-mudéjar. Sin duda, son estas capillas laterales las que hacen de este edificio una maravilla. Fue una suerte poder encontrarla abierta.

Justo a la salida de la calle se encuentra la iglesia de María Auxiliadora. Pero no fue la iglesia lo que nos llamó la atención, sino el logotipo del colegio de los Salesianos: fue muy poco acertado poner esa mano en el hombro del niño, porque realmente en la silueta parece otra cosa…

Continuamos la visita hacia el castillo. No sabíamos cómo acceder, así que fuimos rodeándolo.

Tras rodearlo, salimos de nuevo a la iglesia de Santiago Apóstol. Allí preguntamos a unos vecinos que nos dijeron cómo acceder, aunque la cancela estaba cerrada. Sabía que no era visitable por dentro, pero me hubiera gustado poder ver el edificio de frente.

Era conocido como  Castillo de El Gran Capitán y fue derribado en 1508 por orden del rey Fernando el Católico. Hoy en día es conocido como el Alhorí . Fue construido en 1722 con el objeto de ser utilizado como granero del Duque de Medinaceli.

Pusimos rumbo al siguiente punto de interés imprescindible en Montilla: la Casa del Inca Garcilaso de la Vega, de entrada gratuita, que se encuentra en la Oficina de Turismo.

Por dentro podemos visitar las tres plantas de la casa: en la planta baja se encuentran la cocina y la biblioteca; en la primera planta se encuentran el dormitorio y una sala de conferencias; y en la última planta está el desván.

En la parte de fuera tiene un patio central y una pequeña bodega.

Ya en el camino de vuelta pasamos a ver la Casa de San Juan de Ávila. Pensaba que era una casa normal, pero me extrañó ver que tenía arriba un pequeño campanario. Más tarde descubrí que era un oratorio fundado por los Marqueses de Priego en 1547, y en cuya casa vivió San Juan de Ávila hasta su muerte, en 1569; en ella, este santo escribió parte de su obra y preparó numerosos sermones.

Por último pusimos rumbo a la iglesia de San Sebastián. En la página de Turismo ponía que estaba abierta, pero al llegar la encontramos cerrada, y además nos costó muchísimo encontrarla. Si no hubiera sido por los vecinos, hubiéramos tenido muchos problemas para encontrar algunos monumentos. Menos mal que la gente de pueblo suele ser muy amable.

Montilla, además de sus iglesias y museos, es un pueblo lleno de casas señoriales y gentes muy amables.

Os dejo con las mascotas que vimos. Curiosamente, ¡no vi ni un solo gato!

Leímos que el Museo Histórico Local está en obras, por lo que no fuimos a verlo.

Dedicamos 3 horas y media en visitar todo el pueblo. Hay más iglesias que ver, pero sólo fuimos a las que estaban abiertas en domingo.

Para ver más fotos, pinchar aquí.

Para descargar el plano de Montilla, pinchar aquí.

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